Reseña personal de Armelions las raíces del mundo:

Hay libros que no empiezan pidiendo permiso, y Armelions: Las raíces del mundo es uno de ellos. Abro el telón con una escena oscura, incómoda, casi brutal, y desde ahí dejo claro que esta no va a ser una fantasía amable ni decorativa. Aquí hay magia, sí, pero también hay culpa, muerte, secretos familiares, heridas personales y una pregunta que pesa mucho más que cualquier hechizo: ¿Qué harías si la vida te diera una segunda oportunidad cuando ya no crees merecerla? El protagonista arranca en un lugar muy poco habitual para este tipo de historias. Felipe no es un joven elegido lleno de ilusión, ni un héroe esperando descubrir sus poderes. Es un hombre hundido por la droga, la culpa y el fracaso. Alguien que ha tocado fondo y que, de pronto, acaba metido en el cuerpo de Martín Rivadeneira, un chico ligado a un mundo secreto donde existen los Catalisistas, las Raimaras, los Torentos, los Spoilsur, los Humus y una dimensión paralela que cambia por completo las reglas del juego. Y lo interesante es que Felipe no entra en ese mundo como quien recibe un premio, sino como quien carga una deuda. Ese es, para mí, uno de los puntos más fuertes de la novela: la fantasía tiene raíz emocional. Todo lo espectacular —la magia, las criaturas, el Palacio de Stleinhood, las pruebas, las facciones enfrentadas— funciona mejor porque debajo hay un personaje intentando reconstruirse.

Felipe/Martín no solo debe aprender cómo funciona ese nuevo universo; también debe aprender a mirarse sin desprecio. Y eso le da a la historia una tensión muy humana. Me esmeré en construir un mundo enorme, ambicioso y lleno de nombres propios. Donde se note que hay una saga detrás de esta primera entrega. No estamos ante una fantasía pequeña, sino ante una novela que quiere levantar mitología: piedras sagradas, dimensiones ocultas, niños índigos, linajes, guerras antiguas, secretos enterrados en la Antártida y criaturas gigantescas que parecen salidas de una imaginación desatada. Como autor tengo hambre de mundo, e intento que se note en cada capítulo. El estilo es directo, visual, muy de escena. Escribo pensando en imágenes fuertes: una cueva llena de muerte, un tren a punto de arrollar a alguien, una raimara brillando en la mano, un ave gigantesca descendiendo del cielo. La narración tiene un pulso muy cinematográfico, con momentos de acción, revelaciones constantes y diálogos que suelen empujar la historia hacia delante. No busco la prosa ornamental, sino la intensidad. También hay que decirlo con honestidad: Armelions exige cierta paciencia al lector. Al ser una novela tan grande, a veces se acumulan muchos conceptos, explicaciones y términos nuevos en poco espacio. Hay tramos donde la historia se detiene para que entendamos cómo funciona todo. Pero les garantizo una cosa, todo está conectado y obtendrán una recompensa memorable si prestan atención, en especial tras leer el segundo libro, donde escenas que parecían triviales en el primer libro, tomarán un nuevo significado, otorgándole a Armelions las raíces del mundo, un potencial de relectura altísimo.

A quien disfrute la fantasía de academia, linajes, normas mágicas y mundos secretos, esto puede resultarle muy atractivo. Quien busque algo más ligero quizá necesite entrar poco a poco. Pero cuando la novela encuentra el equilibrio entre emoción y aventura, funciona muy bien. La relación con Michelle, la presencia de Santiago, la incomodidad con Melanie, la desconfianza hacia Gustavo o el peso de vivir una vida que no era suya le dan a Felipe/Martín un conflicto potente. No está simplemente “descubriendo la magia”: está ocupando el lugar de otro, mintiendo para sobrevivir y tratando de no desperdiciar una oportunidad que nació de una tragedia. Armelions gustará especialmente a quienes disfrutan las sagas de fantasía con mundos ocultos, pruebas iniciáticas, poderes reglados, bandos enfrentados y protagonistas marcados por un pasado difícil. Tiene aventura, misterio y oscuridad, pero su mayor baza está en algo más íntimo: **La sensación de que, incluso después de haberlo perdido todo, todavía puede quedar una forma de empezar de nuevo**.

Sin más que decir me despido, gracias por llegar hasta aquí.

Antonio Sand.

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Categorías: Multimedia

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